La música de Friedrich Nietzche

El año es 1854. Un joven Nietzsche de solo 10 años de edad queda impresionado al escuchar el Aleluya de El Mesías de Georg Friedrich Händel.

Por Jose Antonio Palafox abril 19, 2020 Última Modificación abril 19, 2020

Quizá no haya habido un filósofo más musical que yo.

Friedrich Nietzsche en carta a Hermann Levi, 1887

El año es 1854. Un joven Friedrich Nietzsche (1844-1900) de tan solo 10 años de edad queda impresionado al escuchar el Aleluya de El Mesías de Georg Friedrich Händel (escribe en De mi vida: “Me sentí embriagado por completo, comprendí que así debía ser el canto jubiloso de los ángeles entre cuyos arrebatos vocales Jesucristo ascendió a los cielos. Inmediatamente tomé la firme determinación de escribir algo parecido”) y decide incursionar en los terrenos de la composición musical estudiando las obras de Bach, Händel, Mozart y Beethoven.

Friedrich Nietzsche: Heldenklage / Alex Alguacil (piano)

La pasión del pequeño Friedrich por la música empezó a cristalizar en tempranas composiciones como un breve allegro para piano, una obertura para orquesta de cuerda, el boceto de una fuga para piano, una pieza para piano a cuatro manos titulada Einletung, el esbozo de una misa y un motete a cuatro voces titulado Hoch tut euch auf, todas escritas entre 1856 y 1858. Por esas fechas entabla amistad con Gustav Krug, hijo de un melómano y compositor ocasional que había sido amigo de Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847). Junto con Wilhelm Pinder, Nietzsche y Krug fundan Germania, una sociedad dedicada a la creación y crítica de obras filosóficas, poéticas y musicales para la cual Nietzsche compone, en 1861, el lied Mein Platz vor der Tür y, en 1862, Heldenklage, una intensa obra de carácter introspectivo para piano. De hecho, 1862 será de gran actividad para el joven compositor: musicaliza el poema Aus der Jugendzeit de Friedrich Rückert (1788-1866), compone la melancólica pieza para piano So lach doch mal y las dos versiones de Da geht ein Bach, una para piano solo y otra para voz y piano, sobre un poema de Klaus Groth (1819-1899). También de ese año son Im Mondschein auf der Puszta, breve pieza para piano inspirada en las vastas llanuras húngaras (llamadas puszta), Édes Titok y la vigorosa Ermanarich, así como Unendlich y la delicada Nachspiel, ambas para voz y piano, Dos danzas polacas y una Marcha húngara. De 1863 son Albumblatt para piano, el melodrama Das Zerbrochene Ringlein y el lied Wie sich Rebenranken schwingen. Para 1864, año en que comienza sus estudios de teología en la Universidad de Bonn, Nietzsche ya ha compuesto una docena de lieder, entre las que destacan Es winkt und neight sich (al parecer con un texto propio), Beschwörung (sobre un texto de Aleksandr Pushkin​), Ungewitter, Gern und gerner y Das Kind an die erloschene Kerze (estas tres últimas sobre textos de Adelbert von Chamisso), además de Eine Sylvesternacht, un extenso dueto para violín y piano que reelaborará unos cuantos años después como pieza para piano a cuatro manos con el nombre de Nachklang einer Sylvesternacht.

Friedrich Nietzsche: Eine Sylvesternacht / Sven Meier (violín) y Lauretta Altman (piano)

En 1865 Nietzsche decide abandonar la teología para estudiar filología clásica, por lo que abandona la Universidad de Bonn para matricularse en la Universidad de Leipzig. En ese mismo año escribe O weint um sie para coro y piano y la melancólica Die Junge Fischerin, única canción de la que se puede afirmar con certeza que él escribió el texto. En 1867 compuso Herbstilch sonnige Tage para coro y piano, tomando como texto el poema Días soleados de otoño de Emanuel Geibel. La Universidad de Leipzig le concedió el doctorado en 1869 e inmediatamente la Universidad de Basilea lo nombró catedrático de filología clásica. Nietzsche se trasladó a esa ciudad, donde inició con el profesor y pianista aficionado Franz Overbeck una amistad que duraría toda su vida. En 1870 Nietzche escribe Ade! Ich muss nun gehen para coro de voces masculinas, y en 1871 trabaja sobre el boceto de una canción con texto de Goethe que finalmente verá la luz en forma de pieza para piano solo: Das Fragment an sich. Es también ésta la época en que se convierte en asiduo visitante de Richard y Cósima Wagner (a quienes había conocido en 1868, en Leipzig) en la villa que el entonces ya legendario compositor tenía en Tribschen, llegando a formar parte activa de su círculo familiar al grado de que la pareja le proporcionó una habitación propia en su casa. El filósofo y el músico se elogiaban mutuamente, coincidían en su admiración por Schopenhauer y en su concepción del ideal estético, e incluso improvisaban juntos al piano. Cósima (1837-1930) se hacía acompañar por Nietzsche a conciertos dirigidos por Wagner (1813-1883), le confiaba algunos encargos, analizaba sus escritos, le sugería lecturas e incluso le confió la educación de su pequeño hijo Siegfried. En 1870 Nietzsche obsequió a Cósima como regalo de cumpleaños el manuscrito de la primera versión de El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música, libro donde —grosso modo— propone que es a través de los mitos revividos en la música de Richard Wagner que puede recuperarse la antigua unión entre la fuerza apolínea y la fuerza dionisíaca otrora presente en la tragedia griega, y en 1871 le regaló su pieza para piano a cuatro manos Nachklang einer Sylvesternacht. El matrimonio Wagner elogió el libro, pero trató la pieza musical con una mordaz condescendencia que hirió a Nietzsche.

Friedrich Nietzsche: Die Junge Fischerin / Dietrich Fischer-Dieskau (barítono) y Aribert Reimann (piano)

En 1872 el filósofo asistió a una interpretación de Tristán e Isolda dirigida por Hans von Bülow (1830-1894), entonces ya ex esposo de Cósima. Nietzsche quedó impresionado y decidió dedicar al pianista y director de orquesta su siguiente composición, la Manfred-Meditation para piano a cuatro manos. Pero la respuesta de von Bülow no pudo ser más cruel y desalentadora. En su opinión, la Manfred-Meditation era “lo más insoportable y antimusical que había escuchado en mucho tiempo” y Nietzsche “desprecia[ba] todas las reglas de la composición e ignora[ba] las más elementales leyes de la armonía”. Sin embargo, Nietzsche no se dejó amilanar. Acostumbrado desde la publicación de El nacimiento de la tragedia a recibir las críticas más negativas y adversas, consideraba que el ideal que plasmaba en su música y en sus libros pertenecía al futuro. Un par de meses después de la Manfred-Meditation, compuso otro dueto para piano, Monodie à deux (Lob der Barmherzigkeit), como regalo de bodas para Olga Herzen, hija adoptiva de su amiga Malwida von Meysenburg, quien se casaba con el historiador francés Gabriel Monod.

Friedrich Nietzsche: Manfred-Meditation / Esther y Abraham Tena Manrique (piano a cuatro manos)

En 1874 escribió otra obra para piano, Hymnus an die Freundschaft, que es su pieza más extensa y fue también su última composición. Nietzsche había empezado a trabajar en ella dos años antes, y en 1882 la retomó para musicalizar Gebet an das Leben, un poema de idolatrada Lou Andreas-Salomé (1861-1937). En 1887 el compositor Heinrich Köselitz (1854-1918, también conocido por su seudónimo Peter Gast), amigo de Nietzsche, realizó la adaptación para coro y orquesta de esta obra, única que el filósofo vio publicada en vida, con el nombre de Hymnus an das Leben.

Friedrich Nietzche: Hymnus an das Leben / Orquesta y coro del Conservatorio de Como, dirige Bruno Dal Bon

En los últimos años la amistad entre Nietzsche y Wagner se había resquebrajado irreparablemente. Aunque su Cuarta consideración intempestiva —publicada en 1876 y titulada Richard Wagner en Bayreuth— es todavía un elogio del innovador talento artístico del compositor, ya desde 1873 Nietzsche había empezado a desconfiar de la música de Wagner y apuntaba en sus cuadernos de notas algunas críticas en las que ponía en duda su papel como reformador de la música pura, tachándolo de inmoderado, excesivamente histriónico y falto de modestia, y a sus obras como escasas de valor y llenas de una dramaturgia retórica sectaria. Pero el acabose llegó cuando Wagner estrenó Parsifal, su última ópera, en 1882. Nietszche la consideró “una ofensa mortal” y acusó al compositor de haberse cristianizado y haber traicionado el ideal dionisíaco de la creación artística. En 1888, su último año de lucidez, el filósofo —hecha ya totalmente a un lado su fascinación por Wagner— escribió dos breves obras en las que ataca a su otrora amigo: El caso Wagner y Nietzsche contra Wagner. En ellas refleja su amargo desencanto ante lo que considera “una traición ideológica” por parte del compositor y tacha su música de brutal, artificiosa e ingenua. Con estos violentos alegatos Nietzsche terminó para siempre su acercamiento a la música de Wagner como lenguaje originario capaz de expresar el impulso vital dionisíaco y se encerró en el disfrute, en lógica contraposición a lo que para él ahora representaba la música de Wagner, de las obras de Rossini y de la Carmen de Bizet, ópera de la que llegó a afirmar que era la obra cumbre de la creación musical de su tiempo y que, en la figura de su apasionada protagonista, le ofreció finalmente la encarnación del espíritu dionisíaco y el verdadero estado de libertad absoluta: el superhombre.

Richard Wagner: Parsifal (Preludio) / hr-Sinfonieorchester, dirige Jérémie Rhorer

Sin embargo, aunque en sus últimos escritos Nietzsche no cesó de criticar despiadadamente a Wagner y de considerarlo un obstáculo para su filosofía, tampoco dejó de mostrar por él un gran respeto. Del mismo modo, Cósima siguió presente en la mente del filósofo. En 1889, ya afectado gravemente por la locura, Nietzsche escribió una última carta para ella en donde la llama “la princesa Ariadna, mi amada” y se presenta a sí mismo como “Dionisio”. De hecho, sus últimas palabras sobre ella, ya internado en el sanatorio psiquiátrico de Jena donde murió, fueron: “Mi mujer Cósima Wagner me ha traído aquí”. Por su parte, Cósima guardó un insuperable rencor a Nietzsche tras la ruptura con su esposo, que no menguó ni siquiera tras la muerte del filósofo: “Para mí es inconcebible que la gente no se haya dado cuenta de que el pobre Nietzsche era un hombre enfermo y que por eso se le perdona todo. De lo contrario no sería más que un ser patético y horrible sin sensibilidad, arrogante y necio”. 

Friedrich Nietzsche: Nachklang einer Sylvesternacht / Gustavo Rivero Weber y Natasha Tarasova (piano a cuatro manos)

Malentendidos y resentimientos aparte, lo cierto es que el corpus musical de Friedrich Nietzsche abarca más de 40 obras —en su mayoría breves fragmentos musicales inacabados, meramente esbozados o “recompuestos” varias veces— de distinta índole: piezas para piano solo, para piano a cuatro manos, para voz y piano, para orquesta y hasta música religiosa para coro a capella (un miserere a cinco voces, algunos motetes y el boceto de un oratorio de Navidad). Semejante versatilidad resulta impresionante, y más porque la educación musical de Nietzsche se reducía a las clases de piano recibidas en la infancia y porque nunca abordó el estudio de la música de manera seria, contentándose con ser —como él mismo firmó en algunas de sus cartas— un “musicus malogrado” con cierta facilidad para la improvisación. Pero eso no quiere decir que las obras que compuso sean, como dijo Hans von Bülow sobre la Manfred-Meditation, “una violación a Euterpe”. Al contrario, en su afición por la música encontró Nietzsche un vehículo perfecto para expresar los arrebatos de su inspiración, y su sincero esfuerzo como compositor (¿aficionado?) dio origen a obras particularmente hermosas. Y es que, en contraposición con su filosofía, lo que Nietzsche esperaba de la música era un fluir natural, libre de la angustia del existir. Para el filósofo la existencia es un castigo solo llevadero por medio de la música, la cual es la esencia más pura del arte y la única herramienta capaz de dar forma a la pulsión de libertad que se alberga en el fondo de las cosas. Así, es totalmente comprensible la frase que escribió a Peter Gast en una carta de 1877 y que, junto con “Dios ha muerto”, se ha convertido en una de sus frases más famosas: La vida sin la música es sencillamente un error, una fatiga, un exilio.

Friedrich Nietzsche: Miserere / The Orpheus Singers, dirige Peter Schubert

Discografía sugerida

No existen en el mercado muchas grabaciones que nos permitan abordar plenamente y con ánimo comparativo la obra musical de Friedrich Nietzsche, pero podemos recomendar sin reservas al amable lector tres excelentes grabaciones:

Friedrich Nietzsche: Lieder, Piano Woks, Melodrama. Editado en 1995 bajo el sello Philips, este disco nos ofrece un recorrido general por las principales formas musicales que el controvertido filósofo abordó en su faceta como compositor: el lied y las piezas para piano a cuatro manos. El álbum contiene 15 canciones, su único melodrama y Nachklang einer Sylvesternacht y Manfred-Meditation, dos de sus principales obras para piano a cuatro manos. La espléndida interpretación corre a cargo del legendario barítono Dietrich Fischer-Dieskau acompañado por el pianista y compositor Aribert Reimann en el piano. El musicólogo alemán Elmar Budde hace gala de su talento como intérprete en las dos obras para piano a cuatro manos.

Nietzsche: su música. Editado en el 2002 por la Universidad Nacional Autónoma de México en colaboración con Quindecim Recordings, este disco nos ofrece una selección de 16 piezas para piano solo, para piano a cuatro manos y para voz y piano que abarcan las distintas épocas de la vida de Nietzsche, aunque sin seguir un estricto orden cronológico. La impecable interpretación al piano corre a cargo del maestro Gustavo Rivero Weber, actual director de la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata de la UNAM y gran estudioso de la obra musical de Friedrich Nietzsche. Lo acompañan la destacada pianista ruso-mexicana Natasha Tarasova (en las obras para piano a cuatro manos) y la mezzosoprano Encarnación Vázquez, el tenor Leonardo Villena y el barítono Jesús Suaste (en los lieder). El álbum se complementa con un espléndido estudio a cargo de Paulina Rivero Weber, doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y especialista en la obra filosófica y musical de Friedrich Nietzsche.

Nietzsche: Piano Music. Editado en el 2017 por Brilliant Classics, este disco nos ofrece el panorama más amplio en cuanto a música para piano solo de Nietzsche se refiere, ya que se compone de 19 piezas que van desde solemnes marchas y saltarinas mazurcas hasta el majestuoso Hymnus an die Freundschaft. Aunque el pianista holandés Jeroen van Veen es más conocido como intérprete de música contemporánea (sobre todo gran paladín del minimalismo), en esta ocasión se permite retroceder a la segunda mitad del siglo XIX para hacer una lectura muy personal de las obras de Nietzsche, íntima y elegante, más apolínea que dionisíaca. El resultado es una agradable dimensión melancólica en que cada pieza se revela más cercana a Franz Liszt que a Richard Wagner.

Jose Antonio Palafox
Escrito por:

Jose Antonio Palafox

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