Las Sinfonías de Gustav Mahler (III)

Publicado: noviembre 22, 2014 Última Modificación noviembre 22, 2014 Por: adminmusica

Sinfonía no. 6

I. Allegro, energico ma non troppo
II. Scherzo
III. Andante moderato
IV. Finale



Lucerne Festival Orchestra – Claudio Abaddo

Las circunstancias de los últimos años de Mahler y el carácter de algunas de sus obras han dado pie para que se le considere como un artista arquetípico de fin de siglo, obsesionado con el deseo de muerte, alguien que pronuncia un persistente y mórbido adiós a la belleza del mundo, que anuncia estar listo para abandonarlo. En fácil observar cómo esta leyenda cobró vida después de 1907, año en el que Mahler se vio obligado a renunciar como director de la Ópera de Viena, luego de enterarse que su condición de corazón le restringiría su estilo de vida a partir de ese momento, además del indecible dolor de haber perdido a su hija mayor, María, de tan sólo cuatro años de edad. Este golpe triple fue sorprendentemente augurado en el Finale de la Sexta sinfonía terminada tres años antes.
De las diez sinfonías, la Sexta es quizá la más clásica en cuanto a diseño, carácter y tratamiento del material. La relación orgánica entre temas es lógica y estrechamente unida. Es la respuesta a aquellos que consideran a Mahler un compositor indisciplinado. Tres de los movimientos están en la misma tonalidad, la menor. Muchos músicos de la actualidad consideran la Sexta como el paradigma de la música orquestal contemporánea, a pesar de no haberse estrenado en Estado Unidos hasta que Mitropoulos lo hiciera en Nueva York en diciembre de 1947, cuarenta y dos años después de su creación. Lo mismo sucedió en Inglaterra, en donde el estreno se dio hasta 1950!

La Sexta fue escrita en Maiernigg, Carintia, donde Gustav y Alma, junto con sus dos hijos, pasaban buena parte de los veranos. Mahler completó dos movimientos en 1903 y los últimos dos fueron acabados en una versión sintetizada de la partitura un año después. La vida de Mahler pasaba por un buen momento. No empero, en esta época escribió los últimos dos Kindertotenlieder y el trágico final de esta sinfonía.
Mucho se ha discutido sobre el aspecto premonitorio de la obra, en particular por los tres golpes de martillo del último movimiento, los tres golpes del destino, siendo el tercero un golpe fatal. Mahler tenía tal superstición sobre la naturaleza profética de este movimiento que sustrajo el tercer golpe (compás 783), dejando más bien anémico a un movimiento climático (aunque varios directores ahora lo integran). Durante su estreno en 1906, Mahler estaba lleno de dudas respecto a toda la obra, en especial el movimiento final. Esto fue con toda probabilidad porque le importaba mucho la opinión de Richard Strauss, quien pensaba que la sinfonía estaba sobre-orquestada. La Sexta termina en tragedia, pero los tres primeros movimientos y mucho del Finale, no son para nada trágicos –y cualquier superstición que acunara Mahler al dirigir esta pieza, no le impidió componer la mucho más jubilosa y optimista Séptima en 1904-1906.

La Sexta adquiere su unidad orgánica de un leitmotiv simple y hasta primitivo que aparece en todos los movimientos, excepto en el Andante, que quizá sea usado para representar el destino, que suena usualmente en los metales y el oboe. La naturaleza sin remordimientos de esta música se enfatiza por el hecho que toda la sinfonía está en la misma medida de 4/4, con la excepción del Scherzo y cuatro compases del Andante.

El primer movimiento inicia con ritmos de marcha en los bajos y la enfática figura de seis notas en los violines que constituye el primer tema. La naturaleza confiada del inicio se desintegra con la aparición del motivo del destino y un redoble de timbal anuncia el segundo tema que es más romántico. Según Alma, este segundo tema era el retrato de sí misma. Después de un coral de maderas, el “tema de Alma” surge con plenitud en la tonalidad de fa mayor. La exposición es repetida y el movimiento nos conduce a un patrón de conflictos, destacado por los trinos en las maderas y el golpeteo del xilófono. Luego Mahler inserta un interludio pastoral, con sonidos de cencerros. Ellos representan los últimos sonidos terrenales que penetran la soledad de los picos de las montañas, un recuerdo de la necesidad de Mahler por escapar de las intrigas de su vida como director de ópera en favor de la tranquilidad que la composición le daba. Este mundo de tranquilidad se conjura a través de los metales con sordina y el tema de Alma en las maderas. Una vez más, el motivo del destino desata el infierno, pero el tema de Alma resuena con potencia en los metales en la mayor, con lo que termina el movimiento.
El inicio tipo marcha del Scherzo es una versión sincopada del primer compás de la sinfonía. Este alterna con un espíritu de danza que ocasionalmente cascabelea los huesos de su esqueleto (xilófono, alientos y cuerdas, una nueva versión brillantemente orquestada de parte del desarrollo del primer movimiento). El Trio es como el fantasma de un minuet. Pesados golpes de tambor distorsionan la melodía y el ritmo en una versión amenazante del destino. De las profundidades de la orquesta emergen luego fragmentos del minuet sólo para ser arrasados ante el retorno del scherzo. Antes del término del movimiento el Trio se escucha de nuevo en combinación con el omnipresente leitmotiv.

El Andante está en la distante tonalidad de mi bemol mayor y la música reposa en el tema inicial de los violines. Corno inglés, oboe y flauta tocan el segundo tema (la instrumentación es casi raveliana dada su delicadeza) mientras que el corno tiene otra importante melodía que desciende hacia los bajo de la orquesta. El episodio central comienza con un interludio de maderas y corno, antes de que las cuerdas anuncien un retorno a la tensión. Pero los cencerros suenan de nuevo, lo que conecta espiritualmente con el primer movimiento, y aparece una sección pastoral extendida, como en algunos Ländler. Las maderas recuerdan el segundo tema y por primera vez la música se vuelve tormentosa.

La introducción del inmenso Finale comienza con acordes sostenidos de los alientos y turbulentos gestos en las cuerdas y el arpa. Se incrementa el número de trompetas en este movimiento de cuatro a seis, hay un trombón bajo y una gran batería de percusión. La tuba lidera el intento de la música de salir del abismo. El tema de los cornos, el coral en los metales y los golpes de martillo son puntos de referencia para la escucha de la compleja estructura del movimiento. La sección del desarrollo es en dos partes, cuando la primera parte se alza hacia el climax escuchamos el primer martillazo, lo que precipita una suerte de intensa marcha. El tema del destino juega un papel importante aquí y la música parece alcanzar un sentido de victoria hasta la llegada del segundo golpe de martillo. El material es repetido después en la segunda sección del desarrollo, en donde la introducción reaparece en forma variada y el tema principal es presentado en retrógrado. La obra termina con una coda formada por un fugato de trombones, cornos y tuba. Todo es oscuridad en un terrible acorde de la menor en cuatro fortes, acompañado de un ritmo sacado del tema del destino hecho por los timbales. El acorde se desvanece y hay un suave pizzicato final sobre el golpe de la gran caja.

Fuente: Michael Kennedy para la integral de Sinfonías de Gustav Mahler de la Orquesta Sinfónica de Chicago, dirigida por Sir Georg Solti.

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