Moncayo: Tierra de temporal o Zapata

Publicado: noviembre 19, 2014 Última Modificación noviembre 20, 2014 Por: adminmusica

Para conocer la verdadera Tierra de temporal se deben tener en cuenta tres grandes historias. La primera consiste en su polémico origen como partitura sinfónica. Moncayo participó en el concurso convocado para conmemorar el centenario de la muerte de Chopin en 1949. Tierra de Temporal fue la obra que inscribió y resultó como una de las tres piezas ganadoras.

Tres cartas de México, de Miguel Bernal Jiménez, fue la pieza que recibió más atención de los medios y la composición de Moncayo fue un tanto ignorada, a causa quizá de su contenido no religioso. Sin embargo, su majestuosidad no pasó desapercibida para Carlos Chávez, fundador la Orquesta Sinfónica de México, luego Orquesta Sinfónica Nacional, que era parte del jurado del concurso, junto con el ex-presidente Emilio Portes Gil, quienes decidieron incluirla entre las ganadoras.

La segunda historia habla sobre cómo la pieza se convirtió en ballet. La propuesta provino de Guillermo Arriaga quien realizó una coreografía sobre la música, ahora conocida como Zapata. Este proyecto implicó un corte de 85 compases en la sección central de partitura que el autor aprobó. Coreográficamente la segunda versión es idónea, pero gracias a esta nueva creación varios directores han confundido la versión de Zapata con la original, y reducir la obra de Moncayo a una pista para danza sería, desde luego un error. Con el recorte se desecha la intensidad primigenia del poema sinfónico, generando una fractura en su balance formal.

Finalmente la historia que ayuda a reinterpretar Tierra de temporal tiene que ver con la influencia que llevó al autor a crear ésta, su pieza más famosa después del Huapango. Hoy se conoce que “Tierra de temporal” es un cuento de Gregorio López y Fuentes sobre la triste historia de unos campesinos sujetos a los caprichos del tiempo. El poema sinfónico cumple con la trama que se desarrolla en el texto literario, pero con una gran diferencia. Si bien, Moncayo pudo valerse de la creación de López y Fuentes, los finales difieren; mientras el cuento concluye con un tono irónico, el final del músico es más desolador, lo cual remonta a los problemas que sobrelleva el campesino.

Es cruda, no dulce, y una de las características a destacar como figuras visuales de la pieza es la entrada de los timbales como si fuera un guiño del percusionista, encargado de anunciar el chubasco que vendrá a salvar o arruinar la cosecha. La obra tiene un total de cuatro temas. El corno inglés expone el primer tema, acompañado sólo por las violas, los cellos y los contrabajos en pianissimo. Es muy dulce, pero solemne al mismo tiempo. El lenguaje que utiliza es modal y cuartal, en un intento de evocar la cultura prehispánica, la antigüedad de la tierra mexicana. Poco a poco, los otros instrumentos de la orquesta se van sumando, aumentando la densidad y el volumen de forma gradual hasta llegar a un clímax brillante.

El tema que sigue suena más familiar, pues cambia su lenguaje a triadal. Los violines y las flautas lo exponen la primera vez. Esta acomodado por terceras paralelas. Lo que podría recordar al sonido de las trompetas de mariachi, o a la marimba de los sones chiapanecos. La pieza se desarrolla retomando los temas ya dichos e incorporando otros dos. El tercer tema está hecho con el mismo material temático que el primero, pero acomodado de manera distinta. Se escucha también en el oboe por primera vez. El cuarto es un tema luminoso que, inicialmente aparece en las cuerdas. En cierto momento los temas tres y cuatro están en contrapunto. Se identifica como el único momento de la pieza en el que sólo suenan una flauta y un fagot. La pieza termina con el tema inicial, grandiosamente, seguido por una cortísima coda.

Fuentes:
– El informador.mx de Guadalajara
– Morfín, Arturo. Tierra de temporal. Paradigmas revista de investigación

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