Suite Estancia (1941)

Publicado: febrero 20, 2016 Última Modificación febrero 20, 2016 Por: adminmusica



Gustavo Dudamel y la Orquesta Juvenil Simon Bolivar de Venezuela

La estancia argentina es una hacienda o cortijo dedicada a la cría de ganado, sobre todo en las verdes e inmensas llanuras de la Pampa, un paisaje que había marcado profundamente a Ginastera desde chiquillo: “Siempre que cruzaba la Pampa o vivía allí durante algún tiempo, mi espíritu se inundaba de impresiones cambiantes, ahora alegres, ahora melancólicas, unas rebosantes de euforia, otras impregnadas de una paz profunda, todas ellas provocadas por esa inmensidad sin límites y por la transformación que cada día del mundo experimenta el campo.”

Desde el principio, Ginastera decidió establecer una profunda asociación entre su trabajo y el gran poema épico “Martín Fierro” de José Hernández. Al describir el paso del día, de sol a sol, Ginastera establece en Estancia una constante en muchas de sus obras posteriores: la descripción en clave musical de lo inevitable del paso del tiempo, el ciclo eterno, la simetría. La secuencia alba-día-tarde-noche-alba que aparece en Estancia fue repetida literalmente dos años después en el ciclo de canciones ‘pampeanas’ tituladas Las horas de una estancia (1943). La Cantata para América Mágica (1960) nos transporta a seis escenas, desde la creación del mundo hasta su destrucción, una idea que reexplotó en Popol Vuh. La ópera Bomarzo (1966-67) se proyecta en el tiempo y lo distorsiona relatando las peripecias de un hombre malvado, por medio de una serie de flashbacks a la hora de su muerte. Así, toda una vida se superpone a un pequeño momento en tiempo real, durante lo que dura la representación. También es típico que Estancia se inaugure con El Amanecer, el mismo título de la danza final en Panambí. Ginastera cuidaba tanto el aspecto de continuidad a través de su producción como en la simetría en sus trabajos.

– La suite consiste en cuatro secciones del ballet, de las cuales escuchamos tres
– Los Trabajadores Agrícolas, Danza del Trigo y Los Peones de Hacienda
– Danza final (Malambo).

Los movimientos que componen la suite son:

Los Trabajadores Agrícolas es una oscura, impulsiva, vigorosa danza con patrones cordales acentuados y sin que sugieren los enérgicos esfuerzos de los granjeros que cosechan el trigo. Está inspirada en el malambo, la danza campesina que aparece con total fuerza en el final de la suite. Los metales llevan la imponente, propulsiva primera parte de esta pieza, pero las maderas son las que toman la responsabilidad de la difícil, irregular rítmica, aunque algo más moderada que la de la sección central amenazante.

Danza del Trigo, que en realidad precede la Danza de los Trabajadores Agrícolas en el ballet completo, establece la tranquila escena matutina de pilas de heno, molinos de viento y trigo al sol justo antes de la cosecha. Es un interludio lírico, pieza oscilante que evoca la canción folclórica de origen criollo (folklore argentino, que no debe confundirse con el criollo de América del Norte). Los lamentosos solos de flauta y violín establecen la atmosfera pacífica; la flauta lleva la melodía de apertura sobre un corto acompañamiento staccato de notas erráticas; luego es sustituida por el solo de violín en la repetición, al que sigue una sección central en la cual las cuerdas presentan una amplia melodía en ascenso. Es prudente anotar que La Danza del trigo presenta una notoria alusión a las variaciones Pavo Real de Kodaly, escritas apenas un año antes.

Haciendo el rol de scherzo está Los Peones de hacienda (Los Ganaderos), con su ritmo asimétrico, impetuoso; proclamaciones de dominación de los bronces, y pese su brevedad, los entrecortados solos de timbales.

La frenética Danza final (Malambo), concluye el ballet en la mañana del siguiente día, luego de que la joven pareja ha compartido un tierno romance la noche previa. Es un malambo de pleno derecho, el cual fue tradicionalmente bailado por gauchos como una prueba de masculinidad -el ultimo que quedara parado sería declarado el ganador. En el ballet, la danza comienza con un destellar introductorio y momentos de levantamiento con sus ritmos de danza acentuados y repetitivos, animados por los pronunciamientos de los bronces, coloridos glissandos del piano, ocasionales “ovaciones” instrumentales y una sección completa de percusión en la cual el Xilófono es prominente. Ritmos en ostinato mantienen el impulso y la tensión en las dos secciones principales del movimiento. La primera mitad se alterna entre el material desquiciado tick-tock usado como introducción, y las transiciones y una melodía de baile nervioso de las cuerdas y, eventualmente, los metales. La segunda parte es una impulsiva, discordante tocata de percusión, a veces estridente, pero siempre convincente a través de su movimiento perpetuo de propulsión. Finalmente la suite alcanzará un non plus ultra con el Malambo final, la danza favorita de Ginastera, que continuará resultando excitante por su juego entre el 3/4 y 6/8, combinado con calidez armónica de las oncenas y la instrumentación, en la cual el piano y el xilófono colaboran eficazmente.

Fuente: López González Leopoldo. Danzas del Ballet Estancia op.8, Un acercamiento a la obra. Escuela de Ciencias y Humanidades. Departamento de Música. Universidad EAFIT, 2012.

Comentarios

Suscríbete y recibe lo mejor de Música en México

Escucha música clásica en línea aquí