Shostakovich – Quinta Sinfonía

Publicado: noviembre 6, 2014 Última Modificación noviembre 6, 2014 Por: adminmusica

En la década de 1930, la Unión Soviética se tambaleó bajo las purgas de Joseph Stalin. Cada persona sabía el terror de perder a un miembro de la familia a manos del Gulag, o por una sentencia de muerte. Los decretos oficiales del gobierno definían verdad y belleza. Los compositores tradicionales fueron declarados decadentes y su música fue prohibida. Sólo Beethoven sobrevivió la prohibición. Dentro de este contexto era escudriñado Dmitri Shostakovich, el más grande compositor soviético.

Shostakovich tenía sólo 26 cuando completó Lady Macbeth del distrito Mtsensk (1934). La ópera, que además de música vanguardista ofrecía un libreto picante, se estrenó con éxito de la crítica y el agrado popular. Dos años más tarde, tres producciones diferentes de la ópera recorrían Moscú. El mismísimo Stalin fue a una representación. A la mañana siguiente el periódico estatal Pravda condenó la obra, diciendo que corrompía el espíritu soviético. La ópera desapareció durante la noche y cada publicación y organización política en el país esgrimió ataques personales contra su autor. Shostakovich vivía con miedo, dormía en las escaleras afuera de su apartamento para evitar a su familia la experiencia de su inminente arresto.

Inseguro de cómo sería recibida, Shostakovich decidió cancelar el estreno de su Cuarta sinfonía durante los ensayos. En su lugar, estrenó la Sinfonía nº 5, subtitulada “Respuesta de un artista soviético a la crítica justa”. Como era requerido, la obra estaba llena de lirismo, de un tono heroico y de la inspiración en la literatura rusa. Aun así, muchos escuchan un subtexto de crítica desesperada debajo de las melodiosas líneas que tanto agradaban a la gente.

En lugar de escribir en el estilo ultra-nacionalista, Shostakovich escribió su Quinta Sinfonía en el modelo impulsado por Beethoven; el primer movimiento comienza como una sonata, de una sensación un tanto vacilante. De pronto algo sale mal. La música rompe abruptamente y el camino conduce hacia un callejón sin salida, una implacable repetición de tres notas. Este patrón se repite a lo largo de la sinfonía: enérgica declaración. El próximo tema se deriva de una conocida canción popular soviética. Sin embargo, al cambiar una sola nota, Shostakovich altera el significado de la música. Cumple el mandato oficial de la celebración de la cultura eslava, pero ese mínimo cambio sugiere una mayor complejidad emocional. Cambios más drásticos de humor provienen del uso de los extremos del registro y la instrumentación. El piano y los bajos se tambalean con una versión del tema de tres notas, que es seguido por los alientos, metales y percusión. La música se torna militar y su marcha da la sensación de que nada la detendrá. Las cuerdas y los alientos estallan con las lánguidas melodías que aparecieron en el principio. Los metales y la percusión martillan lo que parece ser la última instancia del tema. Finalmente, otros temas tentativamente evolucionan hacia el material inicial. En los últimos compases vuelve el motivo principal, que sugiere que la lucha aún no ha terminado.

Cuando tenía ocho años, la familia de Shostakovich se trasladó a un cómodo apartamento en San Petersburgo. En esa ciudad escribió música para teatro, ballet, circo y películas. Shostakovich compuso la música para más de treinta películas, incluyendo un melodrama de ciencia ficción, Aelita: Reina de Marte (1924). El segundo movimiento de la Sinfonía nº 5 se extrae ese irónico material. El movimiento es en realidad una parodia de los valses. Shostakovich dibuja un cuadro musical de una pista de baile. Hay campesinos con sus pesadas botas, un hombre sabio con su chillón clarinete y un maestro de baile con su pequeño violín.

Durante el período de las brutales purgas de Stalin, las autoridades interpretaban el llanto en público como una crítica a las acciones del régimen y era por lo tanto un delito castigable. A pesar de esto, el tercer movimiento de la Quinta, un Réquiem, hizo llorar a muchos abiertamente en el estreno. La audiencia debió de reconocer las referencias a la liturgia de la iglesia ortodoxa rusa con las cuerdas dispuestas como un coro. El oboe principal, acompañado por un escalofriante pasaje de cuerdas, toca la melodía más solitaria la sinfonía. Toda la fuerza del lamento estalla mientras los contrabajos bufan. Entonces el resto de los gritos de la orquesta están a un paso del ruido, hasta que llega por fin regresa el tema de tres notas. Al igual que en el primer movimiento, la música vaga hasta encontrar exhausta su camino de regreso. Shostakovich perdió a tres familiares cercanos en los campos de prisioneros. En 1937, Shostakovich mismo fue convocado para ser interrogado. Irónicamente, escapó sólo porque su interrogador fue detenido antes de su cita para declarar.

Con su destino en la balanza, Shostakóvich tuvo que idear un final optimista para su Quinta Sinfonía. Concluir la obra con la melancolía del tercer movimiento no era una opción. Sin embargo, el ambiente festivo del cuarto movimiento demandaba demasiado de algunos oídos. El movimiento comienza con una cadena de temas tipo marcha. El andar de la pieza crece y la orquesta arremolina corrientes musicales que estallan con triunfo en un punto, hasta que toda la esperanza se ve frustrada por otro tema de tres notas, otro callejón sin salida. La música que sigue sugiere un silencioso recuerdo de aquellos que se han ido. En una sinfonía clásica, esperaríamos una marcha enérgica en este punto, impulsándonos hacia la victoria. En cambio, una marcha de lenta muerte comienza. Es evidente la referencia musical a Boris Godunov – la ópera en la que las multitudes se ven obligadas a alabar al zar. Por último, con gran esfuerzo, Shostakovich revela su final triunfal, que en vez de alcanzar una tonalidad mayor llega a la cúspide en modo menor. Después de tanto tiempo haciendo su camino a la escala mayor ¿por qué retornar a tonalidades menores al final? Tal vez sea una señal de que las armonías felices del final son tan falsas como la aldea de Potemkin.

La Sinfonía nº 5 de Shostakovich refleja que era un artista juzgado tanto por la política como por su talento. Aunque cierto público escucha una condena abierta al gobierno a través de las inflexiones de la desesperación, Stalin encontró la política de su música aceptable y Shostakovich ganó el indulto – al menos durante otra década.

Fuente: PBS, Keeping score. San Francisco Symphony.

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