Sonata para violín y piano no. 3 op. 108 de Johannes Brahms

Publicado: mayo 12, 2019 Última Modificación mayo 12, 2019 Por: adminmusica

Joshua Bell, violín; Jeremy Denk, piano

 

Esbozada a partir de 1886 y terminada durante el verano de 1888, la Tercera Sonata para violín y piano, dedicada a Hans von Bülow, está escrita con otra tinta que las dos precedentes. Brahms ha alcanzado los cincuenta y cinco años, algo más que la madurez, los tiempos tormentosos y de confidencias han pasado. Pero no así el de una inspiración derramada en un lirismo sin trabas y un tanto más dominada. Como subrayó Claude Rostand, «el material temático es aquí particularmente rico. Esta partitura no ofrece desarrollos contrapuntísticos y sinfónicos tan rigurosos como era su costumbre, sino que fluye en total libertad». A diferencia de las otras dos sonatas, presenta cuatro movimientos; y el segundo -Adagio- constituye, ciertamente, la más emocionante de esta obra pujante, caprichosa y brillante a la vez, una de las más significativas de la gran «manera» brahmsiana y de toda la música de cámara del compositor.

 

  1. Allegro alla breve: se observa desde la exposición la riqueza de los componentes melódicos dispuestos a partir y alrededor de dos temas principales, el primero (presentado por el violín) notablemente expresivo, a la vez amplio y con visiones épicas, y el segundo (en principio a cargo del piano solo) sin duda más melódico, pero apenas menos agitado. Sobre cada tema se incorporan dos ideas secundarias alternativamente líricas y rítmicas. La exposición concluye sobre amplios arpegios del piano. Aunque breve, el desarrollo presenta la más alta cota de originalidad de este movimiento: por una parte, el contenido temático es completamente diferente del de la exposición (aunque el tema esencial, aquí presentado por los dos instrumentos, deriva incuestionablemente del contrasujeto con el que el piano acompañaba, desde el principio, el primer tema principal). Un pedal de dominante en la mano izquierda del piano lo sustenta durante todo el tiempo, como si se tratara de un poderoso calderón: «Contrariamente a la tradición clásica que tras el desarrollo como un episodio destinado a que se pierda de vista la tonalidad fundamental de la obra, Brahms, aquí, la subraya apoyándose en la dominante. Así pues, este desarrollo se podría considerar como una especie de larga cadencia a la espera de la entrada de la reexposición» (Claude Rostand). Ésta es simétrica de la exposición, con pocas variantes (el tema inicial, por ejemplo, reaparece a una octava inferior). Finalmente, la coda constituye una especie de calca del desarrollo central, con su insistente pedal, aunque esta vez de tónica. Con ella concluye firmemente este primer movimiento tan amplio de forma como copioso de ideas.

 

  1. Adagio: en contraste, este movimiento es de construcción clara y relativamente breve. La melodía que constituye el tema principal es tierna y apasionada, cantada por fervientemente por el violín ferviente. El segundo tema, muy declamado, es envuelto por amplios acordes del piano. En una sección adyacente, los temas se presentan de forma diferente: el primero sobre un acompañamiento pianístico más lleno, el segundo más ornamentado. La coda sobre el primer tema termina con maravillosa simplicidad esta página del Brahms más genial: «una de los más efusivos rêveries que hayan salido de su pluma» (José Bruyr).

 

  1. Un poco presto e con sentimento: es una especie de scherzo distribuido en tres episodios que explotan con profusión dos temas. El primero, que impresiona por su nervio, es esencialmente rítmico y de aire ligeramente caprichoso: es expuesto en primer lugar por el piano y no hace intervenir al arco más que para acentuar acordes incisivos; en el compás 17, se surte de una idea secundaria muy voluble, antes de ser repetido, esta vez por el violín y de la posterior aparición del segundo tema que confirma también la primacía melódica del violín. El episodio central puede ser considerado como una especie de desarrollo libre; el tercero, claramente más corto no constituye más que una reexposición del tema inicial y de su idea secundaria. La estructura rítmica de este mismo tema es lo que explota y revaloriza la coda, con prodigiosa vitalidad.

 

  1. Presto agitato: la forma sonata prevalece en este imponente final, donde se hace necesario constatar la extrema movilidad de los temas, consecuencia de la pródiga invención melódica que caracteriza a cada uno de ellos. Las dimensiones son vastas y la factura instrumental excepcionalmente brillante por su adecuación a los recursos complementarios de timbre, de registros y de dinámica de los protagonistas. El tema principal afirma desde la exposición un carácter conquistador, con el violín sobre una sólida base pianística. Una idea secundaria, que ya no tiene el mismo coraje, casi vacilante y en forma de diálogo entre los dos instrumentos, sigue un puente que conduce al segundo tema, un coral en bellos acordes graves del piano que subraya el intenso canto del violín. A partir del compás 77 se asiste al despliegue de un tercer tema, en un crescendo en el que el violín apoya en imitaciones al piano. Luego, un tema conclusivo -rítmico- de esta vasta exposición. Como en el Allegro inicial, el desarrollo sorprende por su relativa brevedad y por la explotación que lleva a cabo de un motivo que no se había escuchado hasta entonces: una especie de amplio recitativo que se adjudica el violín sobre los acordes del piano. La reexposición, de proporciones bastante mayores, no aporta ningún cambio notable con respecto a la exposición. Y la coda, no menos importante que la del primer movimiento, da fin a la partitura con el brote espontáneo de los compases enérgicos del tema principal de este último movimiento.

 

Fuente: F.-R. Tranchefort. Guía de la música de cámara, Alianza Dicionarios, Madrid, 1995. pp. 253-255.

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