Música de Guerrero: sones, chilenas y danzas típicas

La música de Guerrero posee una gran variedad de géneros y estilos con influencia de las tradiciones de otras latitudes, entre ellos el son y la chilena.

Por Música en México octubre 10, 2019 Última Modificación diciembre 16, 2019

Debido a la incesante actividad del puerto de Acapulco como lazo comercial entre España, Asia, América del Sur y México, en el estado de Guerrero encontramos una gran variedad de géneros y estilos musicales con fuerte influencia de las tradiciones de otras latitudes, entre ellos el son y la chilena.

Las torcazas

Ritmo versátil y multicultural

El son es uno de los géneros musicales más ricos y versátiles, con una asombrosa variedad estilística y temática, así como con diferencias rítmicas y de instrumentación. Lo encontramos en la franja costera del Pacífico Sur, concretamente en la región de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca. Presente ya en tiempos del virreinato, el llamado son “de artesa” tiene su origen en las danzas y bailes de los esclavos africanos que eran mercados en las costas guerrerenses. De esta música, el son de artesa tomó el redoble rítmico y el tapeo en el arpa, instrumento que sustituyó al tambor. Originalmente se bailaba sobre una pequeña barcaza (llamada artesa) volteada sobre la arena, y el eco de las pisadas de los danzantes sobre esta superficie creaba un curioso efecto de resonancia.

música de Guerrero

Más adelante a los bailes se les agregaron coplas llamadas “relates” en Tierra Caliente y “chilitos” en la Costa Chica. Así como estribillos, cuya función es hacer breves pausas para que los bailarines descansen. Entre los sones de artesa más conocidos se encuentran Las torcazas, El tendido, El cruzado, El periquito, Los enanos, La minga, Mi guachito y El casamiento, y entre las coplas más representativas están India del alma, La manzana, Las maripositas, La mariquita, La negra, Vapor chileno, Las pelonas, La resbalosa y Tixtlequita.

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En Tixtla, el son posee una variante muy particular. Debido a que en la región central de Guerrero no se practica la pesca, la artesa fue sustituida por una tarima de madera. Por lo tanto, en esa zona el son de artesa pasó a llamarse son “de tarima”. La instrumentación incluye jarana, vihuela, arpa y un cajón de madera que se llama cajón de tapeo o cajón de tamboreo. Entre los sones de tarima más representativos se encuentran La zamba chucha, El grano de oro, El valiente, La petenera, El toro, El pato, El zopilote y La iguana.

El zopilote

Por otro lado, en la Costa Grande encontramos los sones “de tabla”, cuya característica distintiva es que a la instrumentación (formada por arpa de 36 cuerdas, guitarra sexta, jarana y violín) se agregan dos percusionistas que golpean rítmicamente los costados del arpa. Finalmente, en la región de Tierra Caliente se interpretan sones “calentanos”. Su instrumentación está formada por uno o dos violines, una guitarra sexta, una guitarra “panzona” de cinco cuerdas (llamada “tua”) y una tamborita de doble parche. También existe una variante rítmica del son, a veces interpretada por un solo violín, que se conoce como “gusto”. Entre los gustos más conocidos se encuentran Santo Domingo, El pañuelo, El gusto federal, Que te vas te vas y Solo que la mar se seque.

La chilena: herencia de las cuecas sudamericanas

Por su parte, aunque comparte ciertas características con el son, la chilena es una expresión musical claramente distinta. Su origen se encuentra en las cuecas chilenas y peruanas que trajeron a las costas de Guerrero los inmigrantes sudamericanos que pasaron por ahí y por las costas de Oaxaca entre 1848 y 1855, durante la fiebre del oro de California. A grandes rasgos, la chilena relata —por medio del canto y el baile— las fases de un cortejo amoroso. Inicia con un ritmo acompasado, luego se cantan coplas regionales, después el ritmo se acelera mientras el galán intenta alcanzar a la dama (la cual se escabulle con ligeros pasos mientras agita un pañuelo). Finalmente,

los bailarines muestran su habilidad con sonoros taconeos que se conocen como “tarimero”.

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La instrumentación típica de las chilenas está formada por arpa, violín, jarana, bajo sexto y requinto. Entre las más conocidas se encuentran El charco choco, La yerbabuena, Acapulqueña, El toro rabón, Atolito con el dedo, La Cirila, La sanmarqueña y El gallo plateado, muchas de las cuales son de la autoría de Álvaro Carrillo (1919-1969), famoso compositor nacido en Oaxaca y autodeclarado guerrerense.

La sanmarqueña

Otros estilos musicales que podemos encontrar en Guerrero son el bambuco (originario de Colombia e interpretado con una guitarra y una sola voz). También existe el chotis (que, a diferencia de en los estados del norte, en Guerrero se interpreta con bajo quinto). Por su parte, el oaxacado (especie de son “cortado” que se interpreta con violín y guitarra en la región mixteca de La Montaña). Por último, los papaquis (propios de la región central, sobre todo de Tixtla, se trata de curiosos versos en gran medida improvisados que se entonan en los cumpleaños con o sin acompañamiento instrumental.

La palabra deriva del náhuatl papaquiliztli, que significa “gozo” o “alegría”) y el chile frito (manera local de referirse a la música “de banda” que acompaña todas las celebraciones y cuya alineación está formada por trombón de vara, bombardino, trompeta, clarinete, saxofón y batería).

También el bolero y la canción popular forman parte importante de la tradición musical guerrerense. En esta vertiente se encuentran temas como Atoyac, La callejera, Caleta, Caminos de Chilpancingo, Mañanita costeña y la emblemática Por los caminos del sur (compuesta por José Agustín Ramírez), que se ha convertido en el himno no oficial de Guerrero.

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Por los caminos del sur

La identidad está en la danza

También hay que mencionar las danzas tradicionales guerrerenses, que se interpretan con flautas de carrizo, tambores, chirimía y violín. Sobre todo en la zona de la Alta Montaña y en comunidades de Tixtla. Entre ellas destacan la Danza de los tlacololeros, una de las más antiguas y representativas del estado. En ella se representan los esfuerzos del campesino por mantener a salvo sus cosechas del tigre que amenaza con comérselas. Para ahuyentarlo, los tlacololeros utilizan un lazo con cadena que se conoce como “chirrión”. Su sonido también se considera un llamado a las lluvias para que haya buena cosecha).

Danza de los tlacololeros

La Danza de los diablos, protagonizada por Lucifer, sus esbirros y una grotesca Minga o madre de todos los diablos que interactúa con los espectadores. En esta danza, de origen colonial, los bailarines portan máscaras de madera o cartón con cuernos de venado y largas crines de caballo. Danzan al ritmo de una flauta o armónica, una “charrasca” o quijada de burro y una tigrera, especie de tambor a cuyo cuero se conecta una vara encerada que se frota con la mano para producir un gutural sonido. 

Danza de los diablos

La Danza de los gachupines es un baile burlesco en el que los danzantes portan máscaras con bigotes y barbas. Avanzan en parejas mientras agitan sendos pañuelos para caricaturizar los gestos que hacían los conquistadores españoles al intentar espantar a los mosquitos) La Danza de los pescados debe su nombre a la sarta de pescaditos de madera pintados de colores que los danzantes llevan en el hombro derecho. En esta danza se representa, al ritmo de una flauta y un tambor, la cacería de un cocodrilo que ataca a los pescadores usando su cola a manera de látigo.

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La Danza de los zopilotes, danza agrícola en la que los bailarines visten de negro con faldones que simulan las alas. Envuelven la cabeza en un trapo rojo y usan máscaras cónicas con un gancho en la punta que simula el pico de un zopilote. De esta manera dan vueltas alrededor de un “animal muerto” que porta un huesquixtle o “bufón”, personaje recurrente en la mayoría de las danzas típicas guerrerenses.

Danza de los zopilotes

La Danza de los chichimilcos, también conocida como Danza de Ahuileros o Danza del ahorcado, es una representación del suplicio y muerte de Cuauhtémoc. La acompaña una lúgubre música de teponaxtles y chirimías. También está la Danza de los Manueles, baile satírico que representa la inconformidad de los humildes y explotados frente al “gachupín” rico y poderoso.

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La Danza de los maromeros, en la que, vestidos con camisas de holanes, calzoncillos cortos y sombreros cónicos con moños y listones de colores, los danzantes hacen equilibrios sobre una cuerda floja con una larga vara entre las manos.

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Danza de los manueles
Danza de los tecuanes


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