La música tradicional de Guanajuato

Publicado: septiembre 2, 2019 Última Modificación septiembre 2, 2019 Por:

Dada su colindancia, las danzas y bailes típicos de Guanajuato poseen similitudes con, sobre todo, la música huasteca y jalisciense. Así, en este estado encontramos lo que se conoce como huapango arribeño, género musical formado por un amplio repertorio de sones (por ejemplo El mosco y Los barreteros) estrechamente vinculados con el son huasteco, aunque se distinguen de este porque en su alineación de cuatro o cinco músicos (dos violines, guitarra huapanguera y jarana o vihuela) es el violín quien lleva la voz cantante, mientras que en el son huasteco la preponderancia alterna entre el violín y la jarana. Dentro del huapango arribeño hay dos tipos de sones: el son divino, que es solemne y respetuoso y cuya letra está dedicada a Dios o a un santo, por lo que no debe bailarse, y el son profano, cuyo alegre ritmo invita al festejo. Por su parte, la semejanza con la música jalisciense se refleja en dos piezas típicas del folclore de Guanajuato: el Jarabe Gatuno (prohibido en su momento por las autoridades eclesiásticas debido a los movimientos —entonces calificados de obscenos— de los ejecutantes) y el Jarabe Guanajuatense.

Jarabe guanajuatense

Hacia su región sur, Guanajuato cuenta con una tradición musical rica en instrumentos de viento, los cuales interpretan desde marchas hasta valses, pero sobre todo polcas, género relacionado en mayor medida con el norte del país, pero que en esta entidad se ha desarrollado en un estilo más refinado debido al que se le conoce como polca “de concierto”. Cabe mencionar que el famoso compositor guanajuatense Juventino Rosas (1868-1894) es autor de cuatro de estas polcas: La cantinera, Ojos negros, Carmela y Flores de México. Sin embargo, son dos temas de otros destacados músicos populares guanajuatenses los que se consideran poco menos que segundos himnos del estado. Se trata de Caminos de Guanajuato, melancólica canción de la autoría de José Alfredo Jiménez (1926-1973) que describe de forma poética la geografía local, y Tierra de mis amores, lírica evocación del Guanajuato de antaño compuesta por Jesús Elizarrarás Farías (1908-2005).

José Alfredo Jiménez: Caminos de Guanajuato

Entre los bailes guanajuatenses que tienen su origen en el sincretismo que tuvo lugar después de la Conquista podemos mencionar la Danza de los Paloteros, la cual debe su nombre al hecho de que los danzantes portan un palo fabricado con el tronco de una planta conocida como “uña de gato”, el cual emite un sonido muy peculiar cuando lo hacen chocar entre sí, la Danza de los Sonajeros, que según la región donde se interprete lleva acompañamiento de violín y tambor, o únicamente de violín, y la alegre Danza del Torito, en la que una serie de vistosos personajes (el charro, el caporal, el caballito, la mulita, la borracha, el jorobado) intentan someter al torito con sus látigos al ritmo que marcan un tambor y una flauta. Y aunque también cuentan con distintas variantes de acuerdo a la región donde se interpreten, el choque cultural con Europa se ve reflejado claramente en dos bailes: la Danza de chichimecas y franceses, donde se representa una batalla entre indígenas y conquistadores, y la Danza de indios broncos (también conocida como Danza de bárbaros), en la cual los danzantes giran frenéticamente blandiendo machetes que golpean de tanto en tanto contra el suelo y entre ellos.

Danza de los Paloteros

Antigua tradición española que llegó a México a finales del siglo XIX y se arraigó profundamente en la vida cultural guanajuatense son las estudiantinas —también llamadas “tunas”— y las rondallas. Las primeras poseen una alineación instrumental formada por mandolinas, guitarras, requinto, contrabajo, pandereta y voces a coro (a veces también se les agregan violines, acordeón y un declamador), mientras que las segundas están formadas solamente por guitarras y voces. A diferencia de la indumentaria de los integrantes de las estudiantinas —que es de estilo siglo XVI y consta de pantalones cortos, camisas de terciopelo adornadas y una capa corta con cintas multicolores—, los miembros de las rondallas generalmente usan discretos trajes formales. Pero el objetivo de ambas agrupaciones musicales es el mismo: interpretar alegres cantos de amor al aire libre y a deshoras (en lo que se conoce como “alboradas” o “serenatas”). Entre sus temas más conocidos podemos mencionar El silbidito, Alevántate, El murciélago y la celebérrima De colores.

El murciélago

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