El impresionismo místico de Alexander Scriabin

junio 9, 2015

por Ricardo Rondón

Scriabin nació en Moscú el 5 de enero de 1872 y murió allí el 27 de abril de 1915. Es uno de los compositores que conmemoramos este año y uno de los que más opiniones ha dividido. Fue un impresionista místico, que usaba la música como los flagelantes medievales usaban el látigo hasta desahogarse en un éxtasis religioso. Usó sus propias leyes que traducía a la música, especialmente en lo referente a armonía. Compuso muchas piezas sin una tonalidad fija. Apretó todas las notas posibles en un solo acorde. Sus acordes no solo son asombrosos sino absurdos. Él lo llamada “el acorde místico”, y lo usaba con suficiente frecuencia para que fuera particularmente suyo.

Siempre fue un soñador, apasionadamente enamorado de la música, algo que desarrolló sin mayor interferencia de una tía y su abuela, que lo criaron. Cuando lo enviaron a la Academia Militar, se dedicó más a la música que a las tácticas militares. Finalmente se la autorizó una transferencia al Conservatorio de Moscú. La enseñanza rígida de Taneyev y Arensky en composición fue una variación sobre sus propias ideas y partió de este sitio sin diploma aunque obtuvo una medalla de oro en piano. Afortunadamente, Belayev, el editor de Rimsky-Korsakov, lo apuntó en una gira de conciertos con un estipendio anual de acuerdo con la producción de sus composiciones. Fue un pianista excepcionalmente sensible e interpretaba sus propias obras a la perfección. Él y su esposa Vera Ivanovna, con la cual se casó en 1897, ofrecían conciertos de su música en recitales para dos pianos. Después de algunos años dedicado a la enseñanza en el Conservatorio se lanzó a una larga gira, solo. Una separación de su esposa en 1905 lo enfilo hacia un nuevo amor, Tatiana von Schoezer, aunque Vera continuaba tocando su legado con admiración. En 1910 conoció a Sergei Koussevitzky, entonces director de la sociedad de publicaciones de música rusa. Esta amistad con el joven compositor no solamente garantizaba la divulgación de su obra sino ejecuciones en los Estados Unidos bajo Koussevitzky. Visitó los Estados Unidos en 1907. Cuando importó a Tatiana después de su arribo, creó un terrible escándalo. Muchos conciertos fueron cancelados y su reputación sufrió severamente.

Los recitales de su música pianística se ofrecían en una atmósfera de silenciosa devoción y los discípulos eran verdaderos virtuosos. Existen 10 sonatas, muchos preludios, el Concierto para piano, y numerosas piezas impresionistas cortas. La variedad les daba luz verde a los intérpretes para confeccionar sus programas. Serge Rachmaninoff tocó muchas de ellas.

El poema del Éxtasis de Scriabin, para orquesta, se toca con regularidad a pesar de que cae en lo repetitivo prolongando el éxtasis al punto del colapso, tiene originalidad y libertad en muchos pasajes. Prometeo requiere una orquesta grande, con un órgano de color y perfumes – un encuentro entre los tres sentidos y aquellos que consumen deliciosos chocolates y lucen pieles suaves para asistir a la sala de conciertos.

Scriabin estaba planeando una obra épica, El misterio, en donde representaría toda su filosofía metafísica. Ya había compuesto como preludio una Cantata, L’Acte Préalable (El acto inicial); en su visión, todo problema metafísico se resuelve con la muerte.

Scriabin nunca ha tenido la popularidad o aceptación de los grandes de la música rusa. Es un gusto adquirido pero por algo los grandes del teclado lo veneran y siguen programándolo. Dos de sus máximos campeones y exponentes han sido Vladimir Horowitz y Vladimir Ashkenazy y todo ha quedado grabado para la posteridad.

Confieso que hasta ahora no me encuentro entre sus admiradores universales pero esto no quiere decir nada. En gustos no hay nada escrito.

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