Ígor Stravinski y el jazz

Uno de los acercamientos más interesantes del mundo de la música académica al jazz fue, sin duda, el llevado a cabo por el vanguardista compositor ruso Ígor Stravinski

Stravinski Legado Jazz
Por Jose Antonio Palafox Última Modificación abril 8, 2021

Uno de los acercamientos más interesantes del mundo de la música académica al jazz fue, sin duda, el llevado a cabo por el vanguardista compositor ruso Ígor Stravinski (1882-1971), cuyo quincuagésimo aniversario luctuoso se conmemora el 6 de abril del año en curso.

Como es sabido, la carrera de Stravinski abarcó distintos géneros y estilos compositivos y puede dividirse en tres grandes periodos estilísticos: el periodo ruso (determinado por la experiencia del compositor en su país natal, caracterizado por el uso de grandes orquestas y en el que destacan los tres ballets que compuso para Sergei Diaghilev: El pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera), el periodo neoclásico (determinado por la experiencia del compositor en Francia, caracterizado por el uso de orquestas de cámara con abundantes instrumentos de viento y en el que destacan la Sinfonía en Do, la Sinfonía en tres movimientos y la ópera The Rake’s Progress) y el periodo dodecafónico (determinado por la experiencia del compositor en Estados Unidos, caracterizado por sus muy particulares estructuras rítmicas y su experimentación armónica y en el que destacan obras como El diluvio, Cánticos de réquiem y el ballet Agon). Y una de las constantes en cada una de estas etapas es la presencia, en mayor o menor medida, del ragtime y el jazz.

Ígor Stravinski: Ragtime (La historia del soldado)

Las inagotables exploraciones musicales de Stravinski incluyeron por primera vez los ritmos sincopados del ragtime —estilo musical de origen afroamericano que fue fundamental para el desarrollo del jazz y que llegó a Europa en los primeros años del siglo XX con las orquestas que tocaban a bordo de los trasatlánticos— en La historia del soldado (1917), inclasificable obra para siete músicos, tres actores y un narrador en la que se encuentra una secuencia de tres bailes (tango, vals y ragtime). Cuando escribió La historia del soldado, Stravinski se encontraba en Suiza, imposibilitado para regresar a su patria debido al estallido de la Primera Guerra Mundial y luego de la Revolución rusa. En ese entonces, el compositor no había escuchado ninguna interpretación de ragtime o jazz, por lo que su concepción musical se basó no en el sonido sino únicamente en el ritmo escrito (a cuyo modelo tuvo acceso gracias al director de orquesta suizo Ernest Ansermet, quien había aprovechado la gira que llevó a cabo por Estados Unidos con los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev para recopilar lo más nuevo en partituras de música popular estadounidense). Siguiendo el mismo método de “imaginar” el sonido  del ragtime a partir de cómo estaba escrito, al año siguiente Stravinski compuso sus Tres piezas para clarinete solo —especie de apéndice al ragtime de La historia del soldado, donde desarrolla de manera más completa su estructura y sus ritmos— y Ragtime para once instrumentos. Con ello, lo que hizo no fue imitar o reproducir el estilo del ragtime, sino reinventarlo de acuerdo a su manera de entenderlo. Para 1919, Stravinski ya había logrado escuchar bandas de ragtime y jazz. Admirado por la capacidad de improvisación de esos músicos, escribe: “Descubrí que interpretar jazz es más interesante que componerlo”. De ahí que no deje de considerar que la presencia del ragtime y el jazz en sus propias obras era solamente un “retrato o parodia del género”, porque sus improvisaciones no eran reales sino que estaban enteramente premeditadas en una partitura. En ese año compone Piano Rag Music, curiosa obra de carácter fragmentado dedicada al gran pianista polaco Arthur Rubinstein (1887-1982) —aunque estrenada por el pianista español José Iturbi (1895-1980)— en la que esa apariencia de improvisación es conseguida por medio de una métrica irregular.

Igor Stravinski: Piano Rag Music

En sus composiciones de los siguientes veinte años se pueden encontrar elementos, patrones y combinaciones propias del jazz, el blues y hasta el boogie-woogie (estilo de blues rápido derivado del ragtime y que será una de las bases del rock and roll), por ejemplo en Preludium for Jazz Ensemble, brevísima pieza de apenas un minuto y medio compuesta entre 1936 y 1937 (aunque orquestada en 1953 y no publicada sino hasta 1968) en la que una trompeta y una tarola establecen breve y accidentado diálogo donde ésta desarrolla las figuras proporcionadas por aquella para luego dar paso a un delicado solo (luego dueto) de saxofón que confirma el carácter jazzístico de la pieza antes de dar paso nuevamente a la trompeta y la percusión. Pero es hasta la década de 1940 —cuando Stravinski y su segunda esposa ya están establecidos en Estados Unidos— que el interés del compositor por el jazz se intensifica, lo cual queda plasmado en obras como Tango (1940) —breve y encantadora pieza para piano solo que el compositor transcribió una y otra vez para las más diversas combinaciones orquestales, incluida una versión para grupo de jazz que fue estrenada en 1941 por el legendario clarinetista estadounidense Benny Goodman (1909-1986) y su banda—, el Scherzo à la russe (1944) —que originalmente debía formar parte de la película antibélica The North Star (Lewis Milestone, 1943, Estados Unidos) pero terminó siendo descartada. Stravinski arregló entonces su pieza para ser interpretada por la banda de jazz de Paul Whiteman (1890-1967), que en 1924 había estrenado la Rhapsody in Blue de George Gershwin. Ante el escaso éxito obtenido, en 1945 volvió a arreglarla, ahora para orquesta sinfónica— y, sobre todo, el Ebony Concerto (1945), un concierto para clarinete y banda de jazz escrito a petición del clarinetista Woody Herman (1913-1987). Se trata de una ambiciosa obra en tres movimientos para cuya creación Stravinski estudió a detalle las posibilidades expresivas del instrumento solista. Los ensayos previos al estreno representaron una verdadera pesadilla para Herman y sus músicos, que encontraron la partitura de una complejidad abrumadora y se quejaban de que Stravinski había compuesto para Stravinski, no para la banda de Woody Herman. Finalmente, el Ebony Concerto logró estrenarse el 25 de marzo de 1946 en el Carnegie Hall de Nueva York y desde entonces se cuenta entre las obras más grabadas e interpretadas de Igor Stravinski.

Igor Stravinski: Ebony Concerto

En esos años, el estilo jazzístico en boga era el bebop, y pronto el incansable Stravinski se encontró visitando clubes y estudios de grabación para empaparse de esa propuesta musical. Como pianista que era, Stravinski se interesó particularmente por el trabajo de Art Tatum (1909-1956), entonces ya considerado uno de los más grandes pianistas de jazz. El compositor ruso asistió a un concierto de Tatum, y quedó impresionado por su virtuosismo técnico y la complejidad de sus improvisaciones. Cuenta cierta anécdota que incluso le pidió (y obtuvo) ayuda para resolver la progresión armónica de una pieza con la que tenía problemas. Por su parte, los jazzistas también estaban encantados con las incursiones de Igor Stravinski en su mundo, ya que consideraban que el autor de La consagración de la primavera hablaba el mismo idioma que ellos: el de una incesante búsqueda de nuevas expresiones sonoras. Concretamente, el compositor ruso era objeto de la admiración del malogrado saxofonista Charlie Parker (1920-1955). En 1949, durante su estancia en París, el gran Bird había incorporado las primeras notas de La consagración de la primavera a su solo de saxofón durante una interpretación del tema Salt Peanuts. Dos años después, en Nueva York, al percatarse de que el mismísimo Igor Stravinski estaba sentado en una de las mesas de primera fila del local donde ofrecía un concierto, inmediatamente incorporó unos fraseos de El pájaro de fuego a su interpretación del tema Ko Ko, con lo que el ya casi septuagenario compositor ruso quedó agradablemente sorprendido. Incluso, entre 1947 y 1952 grabó Charlie Parker with Strings, dos exitosos álbumes en los que interpretó temas estándares del jazz acompañado por una orquesta de cuerdas en un intento personal —similar al que, también a su manera, llevaba a cabo  su admirado Igor Stravinski— por unificar dos universos musicales en apariencia tan disímiles.

John Klenner y Sam M. Lewis: Just Friends (en Charlie Parker with Strings)

Jose Antonio Palafox
Escrito por:

Comentarios

Escucha música clásica en línea aquí