Stravinski: Del neoclasicismo al dodecafonismo

En San Petersburgo nadie hubiera adivinado que Stravinski llegaría a convertirse en el enfant terrible de la música.

Stravinski: Del neoclasicismo al dodecafonismo
Por Música en México Última Modificación mayo 31, 2021

En San Petersburgo nadie hubiera adivinado que Stravinski llegaría a convertirse en el enfant terrible de la música. Tras sus primeros éxitos en París, Stravinski había estado en constante movimiento. Antes de la Primera Guerra Mundial residió en Rusia, Francia y Suiza. Mientras duró la guerra se estableció en Suiza, donde permaneció hasta 1920. A causa de la Revolución Rusa en 1917 no regresó a su patria sino hasta una visita que hizo en 1962.

De 1920 a 1939 vivió en Francia e hizo giras de conciertos por casi todos los países europeos, así como por los Estados Unidos, en donde, al estallar la Segunda Guerra Mundial, se estableció definitivamente. Durante quince años Francia fue su patria adoptiva. Habitó en el corazón de París, en un pequeño apartamento, y más tarde se mudó al barrio de Saint Honoré Escenas.

En 1934 se hizo ciudadano francés. Poco a poco comenzó a desprenderse de sus raíces rusas para convertirse en un verdadero hijo de su patria adoptiva. Y su música también fue cambiando. El ruso primitivo se transformó en un sofisticado francés. El estilo francés, con su claridad, gracia, transparente textura y, a veces, vigor y objetividad, hicieron mella en Stravinski, que comenzó a refinar y simplificar su música. Este camino lo llevó al neoclasicismo.

Stravinski en París alrededor de 1930

Los tres primeros ballets de Stravinski son ejemplos de nacionalismo ruso. Después, Stravinski compuso una música diferente: cambió sus superpartituras y sus  superorquestas por partituras para pequeños grupos y por un agudo y preciso modo de escribir. Produjo entonces obras neoclásicas. Hay algunas composiciones de transición como “Historia del soldado” (1918), el ballet “Zorro” (1922), la ópera en un acto “Mavra” (1922), la “Sinfonía para instrumentos de aliento” (1921) y “Las bodas” (1923).

Todas estas composiciones tienen elementos nacionalistas, pero las fuerzas empleadas fueron pequeñas y la creación musical se dirigió hacia otros terrenos. Para “Historia de un soldado” Stravinski empleó una pequeña orquesta que guarda analogías con un grupo de jazz. “Las bodas”, una cantata para ballet inspirada en el tema de las fiestas de bodas en Rusia, fue escrita para una orquesta de percusiones y cuatro pianos. Esta composición tiene algo de primitivo, de terrenal, así como del sentimiento ruso de “La consagración” y algunos de sus ritmos. En cambio, “Historia de un soldado”, una pantomima basada en un cuento ruso de un soldado y el demonio, apunta hacia algo completamente nuevo: un estilizado tratamiento de varias formas musicales con una organización de ritmos y texturas del todo diferente. Cada cosa es una miniatura: un vals miniatura, un tango, una miniatura coral, una marcha miniatura. El jazz también tiene su parte en esta obra. Stravinski escribió en 1962:

Mi conocimiento del jazz provenía exclusivamente de la música impresa que llegaba a mis manos, y como nunca había escuchado ninguna ejecución de jazz le tomé prestados sus ritmos y su estilo no conforme a como se tocaba, sino a como se escribía. –El compositor podía imaginar el sonido del jazz, o cuando menos eso creía–. El jazz significa, de todos modos, un sonido completamente diferente en mi música y “La historia” marca mi final rompimiento con la escuela de orquestación rusa en la cual yo había sido formado.

Los que se quejaron de la complejidad de “La consagración de la primavera” no tuvieron mucho que objetar a “Historia del soldado”, estrenada en Suiza en 1918. Esa misma tendencia a la economía y a la simplicidad se observa en el ballet “Pulchinella” (1919), que inspirado en una composición de Pergolesi tuvo su primera representación en París el año 1920. Stravinski se había sumergido en el neoclasicismo, una modalidad histórica expresada en un nuevo lenguaje. Las formas del barroco y de los clásicos resultaban muy atractivas para una mente tan lógica como la de Stravinski, y los años siguientes vieron nacer obras muy importantes: la “Sinfonía para instrumentos de aliento” en 1920 y el “Octeto de alientos” en 1922, con lo que se confirmó como neoclásico.

El cambio radical de la música del otrora primitivo Stravinski, ahora convertido en modelo de objetividad fue un golpe para sus admiradores, mas el compositor estaba convencido de que había superado con creces su primer periodo creador tan complejo, de ritmos tan intrincados y de tan revolucionarias prácticas tonales, así que desafió la opinión de críticos y escépticos y prosiguió su camino neoclásico con creciente dedicación. Estrenó su “Concierto para piano e instrumentos de aliento” en 1924. Le siguieron una ópera-oratorio, “Edipo Rey”, en 1927; el ballet “Apolo Musageta” en 1928, el “Capricho para piano y orquesta” en 1929 y la “Sinfonía de los Salmos” en 1930. Esta obra le había sido encargada por la Sinfónica de Boston para celebrar sus cincuenta años, pero fue estrenada mundialmente en Bruselas. Después vinieron el “Concierto para violín” en 1931, el melodrama “Perséfone” en 1934 y el “Concierto para dos pianos” en 1935.

Stravinski hizo su primera visita a los Estados Unidos en 1925; debutó en Norteamérica con la Filarmónica de Nueva York, en un programa que sólo incluía obras suyas. A esto siguió una gira por todo el país, durante la cual dirigió muchas de las orquestas de mayor relieve. Volvería después muchas veces en la década de los treintas para dirigir los estrenos de sus obras mayores, como fue el caso de la presentación de “Juego de cartas” en 1937.

En América Stravinski encontró al coreógrafo ruso Balanchine, con quien había trabajado anteriormente en Europa. Los ballets “Juego de cartas”, “Danzas concertantes” (1942). “Orfeo” (1948), “Agon” (1957) y “Movimientos” (1958), aunque no siempre originalmente concebidos como ballets, alcanzaron gran popularidad con las coreografías de Balanchine. Hubo además otra extraña colaboración de Stravinski y Balanchine: una obra compuesta en 1942 para el circo Barnum y Bailey. Los bailarines de “Circus Polka” eran elefantes, y el espectáculo se describió en los carteles publicitarios como “una tour de force coreográfica.”

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en 1939, Stravinski, como se dijo antes, cambió nuevamente de patria (1958), y de casa. Con su mujer y sus cuatro hijos viajó a Estados Unidos con visa de residencia permanente. Ese mismo año murió Gabriela, y en abril de 1940 se casó por segunda vez con Vera de Bosset. Uno de sus hijos, Sulima, sobresalió más tarde como  pianista y como maestra en la Universidad de Illinois, mientras que otro, Teodoro, destacó como pintor.

Con su esposa Vera visitó varias veces México. En su última presentación en nuestro país ya no estaba en condiciones, por su salud y su edad, de dirigir a la orquesta. Lo hizo en su lugar Robert Craft, pero la presencia del compositor en el escenario arrancó fervientes aplausos de los asistentes.

Stravinski y Robert Craft

Entre sus amigos en Norteamérica se contaron Auden y Chester Kallman, con quienes trabajó una ópera, The Rake’s Progress o “La carrera de un libertino”. También su amistad con Craft fue fructífera tanto para la música como para una serie de libros en los que Stravinski expresó su opinión sobre todo lo que había compuesto desde su gestación. Escribió además lo que pensaba de otros compositores y, en general, sus observaciones sobre la vida. Stravinski y Craft no se mordieron la lengua ni se anduvieron por las ramas, así que cuando el libro se publicó los músicos examinaron su contenido como si se tratara de una granada de mano. Por otra parte, esta serie de publicaciones es muy importante porque nos permite echar un vistazo a la mente de uno de los compositores más grandes de todos los tiempos.

Aun dentro del neoclasicismo, Stravinski se mostró tan productivo en los Estados Unidos como lo había sido en Francia. Terminó dos sinfonías: la “Sinfonía en do mayor” que escribió para el cincuentenario de la Sinfónica de Chicago en 1940, y la “Sinfonía en tres movimientos” que se estrenó en Nueva York bajo la dirección del autor en 1946. Stravinski también produjo una “Misa”, que fue su primera composición litúrgica y que se escuchó por primera vez en 1948. Una de sus obras más importantes fue su ópera The Rake’s Progress, presentada por primera vez en Venecia en 1951 durante el Festival de

Venecia. Stravinski mismo dirigió el estreno, y se dotó al espectáculo de todas las fanfarrias propias de una première de Hollywood: los boletos se agotaron meses antes, y se obsequiaron como una joya o un premio; el público incluía viajeros de todas partes del mundo llegados a Venecia expresamente para asistir al evento; el teatro se decoró con lujo, y la crema y nata del periodismo y la publicidad estuvo pendiente de la función. Era la primera ópera de un compositor no italiano que se estrenaba en Venecia y en idioma inglés. Afortunadamente la ópera justificó el esfuerzo, costo y atención provocados, y se montó de inmediato en París, Copenhague y varias ciudades alemanas e italianas, así como en Nueva York.

Stravinski en Venecia

Esta fue la última composición de Stravinski en estilo neoclásico. Comenzaba a dirigirse hacia la técnica dodecafónica, giro que resultaba bastante extraño en Stravinski porque siempre vio la técnica dodecafónica con cierto desdén y nunca estimó a Arnold Schönberg. Aunque sus casas quedaban a unos cuantos kilómetros de distancia, Stravinski jamás hizo el menor intento de acercamiento personal. Sólo después de la muerte de Schönberg comenzó a interesarse en la técnica con la que Schönberg estuviera tan identificado.

Los primeros esfuerzos de Stravinski por escribir música de doce tonos fueron tentativos, pero cristalizaron finalmente en el ballet “Agon”, que terminó en 1956 y se estrenó en Los Angeles en 1957. Ya para entonces estaba firmemente convencido del valor artístico de la politonalidad, y se graduó en el serialismo con el “Cántico Sagrado”, una obra litúrgica mayor. A Venecia, en cuyo honor se había escrito, se le concedió el privilegio de presentar al nuevo Stravinski en 1956.

Todas las obras siguientes de Stravinski fueron hechas con la técnica serial y la mayoría refleja, con la utilización de textos litúrgicos, sus profundos sentimientos religiosos. Las más significativas son: Threni (1958), y un tríptico religioso: “Un sermón, una narrativa y una plegaria” (1962), la cantata sagrada de “Abraham e Isaac” (1964) y el Requiem Canticles (1966). Inclusive, cuando le fue solicitada una obra para televisión, escogió un tema religioso. El ballet fue Noah and the Flood (“El diluvio”), producido por la NBC en 1962.

Fuente: Los grandes maestros de la música clásica, segunda serie, Ediciones Fratelli Fabbri, 1979.

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