Beethoven 250: Sonatas para piano op. 31

Las tres sonatas del Op. 31 muestran una gran diversidad en estilo y contenido; es evidente que Beethoven no pretendía que constituyesen una unidad.

Por Música en México agosto 2, 2020 Última Modificación agosto 2, 2020

Sonata para piano en sol mayor, op. 31, no. 1

Nehring Szymon, piano

Aunque fueron publicadas juntas, las tres sonatas del Op. 31 muestran una gran diversidad en estilo y contenido; es evidente que Beethoven no pretendía que constituyesen una unidad. La primera, en sol mayor, parece ser el resultado de una comisión hecha por una admiradora que encargó al compositor una sonata “revolucionaria”. Cuando se le transmitió esta solicitud a través de sus editores de Leipzig, Beethoven respondió con indignación y sarcasmo: 

¿Están locos, caballeros? ¿Sugerir que debería escribir una sonata de ese tipo? Durante la fiebre de la revolución, bueno, eso podría haber sido posible, pero ahora, ¿cuando la gente se está calmando? Bonaparte ha negociado con el Papa en estos nuevos tiempos cristianos. ¡No, déjenme en paz, no haré nada por el estilo. La dama puede tener una sonata mía … pero no seguiré su plan!

Entonces, fiel a su palabra, la sonata resultante (que ni siquiera está dedicada a la “dama admiradora”) no tiene el menor rastro de revolución y, por el contrario, es brillante y serena. De hecho, se destaca de sus vecinas en el Op. 31 por su conservadurismo y convencionalidad.

La característica principal del primer movimiento es una figura en la cual la mano izquierda es anticipada por la derecha por una semicorchea, como si Beethoven se burlara de los pianistas menores, que no pueden tocar ambas manos simultáneamente. El segundo movimiento es un Adagio grazioso con un estado de ánimo bastante nostálgico, lleno de trinos, adornos y escalas arabescas. El final alegre es una forma sonata-rondo en la que el primer tema se desarrolla en la sección central y el primer episodio dominado por tresillos vuelve a aparecer en una recapitulación para confirmar su estatus de segundo tema.

Sonata para piano en re menor, op. 31, no. 2, “Tempestad”

Valentina Lisitsa, piano

En comparación con la vivacidad y ligereza de la primera del op. 31, la segunda sonata es, como su apodo sugiere, un trabajo tormentoso. El nombre, como sucede a menudo en las sonatas para piano de Beethoven, no era el propio del compositor, pero se dice que comentó sobre esta sonata y la Appassionata op. 57: “Acabo de leer La tempestad de Shakespeare”.

La naturaleza volátil del primer movimiento es evidente de inmediato a través de la alternancia frecuente de tramos de música lenta y rápida: un lento arpegio inicia el Largo, como una pregunta, y un Allegro siniestro, funciona como su respuesta, que pronto gana un impulso inexpugnable. A pesar de estar en una tonalidad mayor (si bemol), el movimiento lento continúa con el humor sombrío, con ideas melódicas fragmentarias interrumpidas por un ostinato amortiguado en forma de tambor en el bajo. La energía regresa en el final, una sucesión de semicorcheas casi sin alivio y un tema obsesivo de cuatro notas que, según el pianista y compositor Carl Czerny, fue inspirado por un jinete que galopaba afuera de la ventana de Beethoven. No es exactamente una imagen que recuerde a La tempestad , pero que al menos capta la urgencia de la visión del compositor.

Sonata para piano en mi bemol, op. 31 no. 3

Oxana Shevchenko, piano

Aunque la op. 31, no. 3 fue escrita en 1802, no hay nada en ella que sugiera que Beethoven escribiría el famoso Testamento de Heiligenstadt (su declaración confesional de suicidio) más tarde ese mismo año. Por el contrario, es una obra particularmente relajada, excepto por el final vivaz, que le ha valido a la sonata el apodo de “La caza” (aunque este título es tan inactivo para el resto de la sonata como es el caso de la “Claro de luna” op. 27, no. 2).

De vuelta a la forma de cuatro movimientos  -las dos predecesoras del op. 31 tienen sólo tres- el diseño es algo inusual, en especial por tener un scherzo de tempo moderado que reemplaza el movimiento lento tradicional y un minueto suave en lugar del habitual movimiento rápido de baile: este no es simplemente un intercambio de los movimientos intermedios, sino otra cosa.

La sonata inicia con una sorprendente idea armónica que comienza en un acorde ambiguo de sexta añadida que no alcanza la tónica sino hasta el sexto compás. El motivo de quinta descendente en el primer compás se convierte en el tema del primer movimiento y proporciona un vínculo temático entre los diferentes elementos del primer grupo de sujetos. El scherzo, aunque fiel a su título en cuanto a su alegría, difiere de lo que Beethoven generalmente entiende por la forma: una expresión vigorosa de energía implacable. El melodioso minueto se contrasta con un trío compuesto casi en su totalidad por acordes que alternan entre los registros inferior y superior del teclado (más tarde sería utilizado por Saint-Saëns en sus Variaciones sobre un tema de Beethoven de 1874). El final de la caza, en un compás de 6/8, tiene la estructura de una forma-sonata con un movimiento continuo y dominante que prevalece en los dos grupos temáticos, unificados por un material común.

Fuente: Fuente: Notas al programa del ciclo de sonatas de Beethoven de Artur Pizarro para la BBC Radio 3

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