Cuartetos de cuerdas op. 133 y 135

El Cuarteto op. 135 es el último que compondría Beethoven, así como la última obra completada de su vida.

Por Música en México junio 14, 2020 Última Modificación julio 30, 2020

Cuarteto de cuerdas op. 133 “Gran fuga”

Artemis Quartet

La Gran fuga de Beethoven op.133 es uno de los grandes testamentos artísticos a la capacidad humana de crear significado frente a la amenaza del caos. Fue originalmente concebida como el movimiento final del cuarteto op.130. En esa obra seguía luego de la Cavatina, una de las encarnaciones más íntimas de fragilidad y vulnerabilidad amorosa escuchadas por el hombre. Durante el estreno privado de la versión original, ejecutada por el cuarteto Schuppanzigh, Beethoven se retiró para ir a beber a una taberna local. El segundo violinista del ensamble, Holz, se sintió obligado de informar al compositor sobre lo acontecido luego del estreno. Declaró la ocasión como un gran éxito y contó cómo los presentes pidieron que dos de los movimientos internos fueran repetidos. Beethoven le preguntó inmediatamente sobre la fuga y cuando el músico le dijo que no hubo petición alguna para su repetición destacó que la audiencia se integraba de “ganado vacuno y asnos”. De hecho, el público y los intérpretes habían tenido grandes dificultades con el movimiento, encontrándole casi incomprensible. Se sugirió al compositor que su sustitución haría el cuarteto más accesible. Sin duda, Beethoven nunca dudó que la fuga era una obra maestra de gran potencia, pero sigue siendo un misterio como él, siendo un hombre tan testarudo, decidió hacer un ajuste de tal magnitud para publicarla por separado como op.133 y componer en su lugar un final alternativo al op.130.

Luego de la obertura inicial de escritura austera, hay una breve evocación de las vacilantes y tenues respiraciones de la Cavatina en las inquietantes notas dobles del solo del primer violín. La fuga se anuncia desafiante con saltos desarticulados, dolorosos y desbocados. Gritando al borde del caos, el argumento de la fuga está realmente bien ordenado, se trata de una lucha entre orden y anarquía. La tarea de la Gran Fuga es dar sentido a la posibilidad del colapso completo, dar solución y propósito a la condición humana en medio de la incertidumbre.

Tan brutal como nos pueda parecer hoy en día, es difícil imaginar el efecto que debe haber causado en aquel momento. Stravinsky solía decir que esta pieza era en realidad música contemporánea. Esto es en parte cierto. Su textura cruda e irregular sin duda la acerca con un nivel de experimentación no visto sino hasta los inicios del siglo XX, una energía que pareciera inagotable. Acaso Beethoven comparte nuestro reconocimiento de la fragilidad del hombre, la inadecuación de la mente para considerar plenamente todos los enigmas de nuestro mundo vulnerable. Y sin embargo, su opinión es la que abarca la esperanza y la posibilidad de triunfo, un espíritu humano victorioso. El giro hacia la claridad y optimismo sucede al final de la pieza y rápidamente, sin arrepentimiento, avanza más allá de palabras.

Fuente: Mark Steinberg en www.brentanoquartet.com


Cuarteto de cuerdas op. 135

Ariel Quartet

El Cuarteto op. 135 es el último que compondría Beethoven, así como la última obra completada de su vida. Fue terminado en Octubre de 1826, no muchos meses antes de su último suspiro en Marzo de 1827. Es el último eslabón de un formidable ciclo de cuartetos de cuerda que comenzó con seis valiosos sucesores a Haydn y Mozart (op.18), explotó con los tres magníficos cuartetos dedicados al Conde Razumovsky (op.59), la impresionante riqueza del op.74, la severidad críptica del op.95, floreció en una expansión trascendente con los primeros cuatro cuartetos tardíos y cerró con broche dorado con la ultramoderna Gran Fuga. Al escribir el op. 135, Beethoven sabía que sería su último: estaba muy consciente del momento de su vida. ¿Cómo entonces concluyó esta serie épica?

Luego de los deslumbrantes cuatro cuartetos previos, muchos encuentran al op. 135 mucho más convencional, clásico e incluso complaciente. Con cuatro movimientos estándar y una duración total parecida a los previos op. 18, se trata de una especie de relajación para Beethoven después de sus logros monumentales. Lo que levanta más interés por lo general es el último movimiento con su famosa inscripción “La decisión difícil” así como la especulación histórica sobre el dialogo que acompaña los dos motivos principales de este movimiento.

Esta suerte de descalificación del op. 135 no da en el blanco. En vez de un vuelta a lo convencional, se trata de una destilación. No es una relajación sino una apuesta fuerte hacia un nuevo refinamiento. Aunque evocó la forma y estilo clásico del cuarteto de cuerdas, Beethoven lo llenó de contenidos mezclados de su producción, como si dijera, “este es el primer cuarteto que hubiera escrito en ese entonces si hubiera sabido todo lo que ahora”. Quizá sólo nos dice cómo ha sido siempre. Es efectivamente un retorno al vigor fresco y robusto del Beethoven eternamente joven, pero está saturado con la música de viejo y sabio maestro. Su escala no es pequeña sino epigramática, épica dentro de un ensayo.

El Allegretto de apertura es el primer caso claro del nuevo refinamiento. Es una forma-sonata clásica construida de varios motivos que son extremamente tersos, pero llenos de personalidad musical y armados como mosaicos, una secuencia compuesta de significativa complejidad. El segundo movimiento, Vivace, es un muscular scherzo que recuerda la gran capacidad de escritura orquestal para la cuerda de Beethoven (especialmente la Sinfonía 7) coronada por la brillante voz de un solo de violín que evoca las sonatas o los conciertos. La mayoría de la música se forja en dividir el cuarteto en mitades. El Lento canta una simple canción sacra que confirma (de nuevo) que Beethoven es el más grande autor de adagios de la música occidental.

Y luego viene el Finale. Beethoven envió esta nota a su editor junto con el manuscritos final del op. 135:

“Aquí, querido amigo, está mi último cuarteto de cuerdas. Será el último; y efectivamente me ha dado muchos problemas. Ya que no me podía convencer para crear el último movimiento. Pero como tus cartas me lo recordaron, al final decidí componerlo. Y esa es la razón por la que escribí la inscripción: “La decisión difícil – ¿debe ser? – debe ser, debe ser!”

Fuente: Kai Christiansen en www.earsense.org

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