Sonatas para piano op. 78, 79 y 81a “Los adioses”

Beethoven dedicó esta sonata a la condesa Therese Brunsvik, quien alguna vez fue considerada como una de las principales candidatas a ser la misteriosa "Amada inmortal" del compositor.

Por Música en México agosto 16, 2020 Última Modificación agosto 16, 2020

Sonata para piano en fa sostenido, op. 78

Adagio cantabile – Allegro ma non troppo
Allegro vivace

Eddie Myunghyun Kim, piano

Beethoven dedicó esta sonata a la condesa Therese Brunsvik, quien alguna vez fue considerada como una de las principales candidatas a ser la misteriosa “Amada inmortal” del compositor. Sin embargo, cuando las enigmáticas referencias a una amante habían comenzado a aparecer en la correspondencia y libros de conversación de Beethoven, Therese ya estaba fuera de su vida por al menos un par de años y, de hecho, es ella quien parece haber sido la parte más decepcionada cuando la relación quedó truncada en 1809. Mientras tanto, Beethoven estaba más enamorado de su hermana, la viuda Josephine. Cuando Beethoven no correspondió su amor, Therese encontró consuelo cuidando a los niños desfavorecidos y sobrevivió hasta la avanzada edad de 86 años. Sin embargo, el compositor atesoraba el retrato que le regaló a su partida, con la dedicatoria “Para el genio único, el gran artista, el buen hombre”. Pero como comentó el biógrafo de Beethoven, Marion M. Scott,  la sonata era “un retrato mucho más hermoso que la propia pintura.”

Sin duda, es una de sus obras más delicadas, presenta dos movimientos luminosos que están a siglos de distancia de las tormentas de la Appassionata, la sonata anterior compuesta cinco años antes. El primer movimiento tiene un breve prefacio de cuatro compases marcado como Adagio cantabile, seguido del carácter optimista de un Allegro de sonata. El vigoroso final juega con los gestos contrastantes de su tema de apertura: una llamada a la atención y una idea escalar.

Sonata para piano en sol mayor, op. 79

Presto alla tedesca
Andante
Vivace

Qi Xu, piano

Esta sonata, junto con su predecesora op. 78 y la Fantasía en sol menor, op. 77, formaron un paquete de obras nuevas que Beethoven mostró al editor, pianista y compositor radicado en Londres Muzio Clementi en 1807. Beethoven admiraba al músico nacido en Italia e incluso había sido influenciado por él en sus primeras sonatas para piano, así que le tomó un tiempo tener el valor para encontrarse con él. Pero al conocerlo se generó una relación positiva, así que Clementi se comprometió a encargarse de una gran parte de la música de Beethoven para el mercado británico. De inicio, le pagó por las tres obras referidas una suma de £60.

La op. 79 se publicó como una Sonatine o Sonate facile, aunque, como de costumbre, hay sofisticación detrás de la sugerencia del título. El primer movimiento tiene el estilo de un ländler, una danza folclórica alemana popular en ese momento, efectivamente un predecesor del vals. Le sigue un Andante suave al estilo de barcarolle en sol menor y un rondó final muy llamativo.

Sonata para piano en mi bemol, op. 81a “Les adieux”

Das Lebewohl: Adagio – Allegro
Das Abwesenheit: Andante espressivo
Das Wiedersehen: Vivacissimamente

Daniel Barenbiom, piano

Aunque varias sonatas para piano de Beethoven tienen subtítulos, la op. 81a es la única que tiene una inspiración extramusical concreta: la huida de Viena de su mecenas, el archiduque Rodolfo, en vista de la inminente invasión francesa a la ciudad. A la luz de la situación política, es comprensible que Beethoven se indignara cuando su editor, con la mirada puesta en el mercado internacional, insistió en darle el título francés, Les adieux, en lugar de su traducción en alemán: Lebewohl. En su siguiente sonata (op. 90) rechazaría las indicaciones de tempo en italiano por ser napoleónicas, y más tarde incluso reemplazaría el nombre pianoforte con el de Hammerklavier para la op. 106.

Beethoven inició el primer movimiento de la sonata en mayo de 1809, justo después de que el Archiduque se marchara y unos días antes de que Viena fuera sitiada por las fuerzas de Napoleón. Durante el asedio, se refugió en un sótano con una almohada sobre la cabeza para proteger su audición, que ya estaba disminuyendo. Los otros dos movimientos fueron escritos en enero de 1810, tras el regreso del Archiduque. La dedicatoria publicada dice: “A la partida de su Alteza Imperial, el Archiduque Rodolfo, con admiración”, aunque en los bocetos su dedicatoria privada refiere a la sonata como “escrita desde el corazón”.

El primer movimiento, “Despedida”’, está dominado por un breve tema de tres notas descendentes, sobre el que Beethoven escribió en el primer compás las tres sílabas Le-be-wohl. Este motivo proporcionó el material de los dos grupos temáticos del Allegro, y si bien agrega un elemento obviamente programático a la música, es, como explicó en la Sinfonía Pastoral, “no una pintura, sino la expresión de sentimiento.” De hecho, esto puede verse como el principio detrás de toda la obra.

El segundo movimiento, “Ausencia”, expresa estados de ánimo de pérdida y consuelo con sus dos temas contrastantes, que conducen directamente a la alegre “Reunión” del final. Este movimiento en forma-sonata contrasta sus temas con un pasaje de puente distintivo que alterna frases de cuatro compases, primero en arpegios simples y luego con formas más adornadas. Finalmente, una versión poco andante del primer tema conduce a la coda final.

Fuente: Notas al programa del ciclo de sonatas de Beethoven de Artur Pizarro para la BBC Radio 3

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