Beethoven 250: An die ferne geliebte op. 98

Las seis canciones cortas del ciclo de Beethoven están conectadas por medio de transiciones que van desde ingeniosas modulaciones hasta "puentes" pianísticos bastante originales.

Por Música en México noviembre 1, 2020 Última Modificación noviembre 1, 2020

Dietrich Fischer-Dieskau, barítono
Gerald Moore, piano

La historia de la canción de arte alemana o Lieder suele comenzar con Franz Schubert y Robert Schumann, aunque este género tuvo exponentes anteriores, incluidos algunos músicos realmente importantes. Siguiendo los pasos de Johann Friedrich Reichardt, Franz Joseph Haydn e incluso Mozart, la modesta producción de canciones de Ludwig van Beethoven incluye el primer ciclo de canciones en alcanzar un lugar en el repertorio: An die ferne geliebte (“Al amado lejano”) de 1816. Las seis canciones cortas del ciclo de Beethoven están conectadas por medio de transiciones que van desde ingeniosas modulaciones hasta “puentes” pianísticos bastante originales. Estas canciones aprovechan las delicadas sonoridades y la aguda articulación de la fortepiano vienés para redondear su encanto.

El ciclo de Beethoven establece seis poemas de Alois Isidor Jeitteles, un joven médico vienés cuyo verso conciso alcanzó gran popularidad. El propio anhelo de Beethoven por su “amada inmortal”, el tema de un famoso conjunto de cartas de julio de 1812, encuentra su pareja en el protagonista igualmente enamorado de Jeitteles. La historia de fondo de este ciclo es la más familiar de todas: el amor no correspondido (y, en este caso, ausente). La progresión de las canciones individuales y sus temas poéticos es la siguiente. Dolorido por encontrarse en el lugar donde conoció a su amada, el poeta encuentra consuelo en la canción (1) mientras usa la naturaleza misma como bálsamo: el valle apacible calma su alma (2). Habiendo encontrado refugio, pide a las nubes, al arroyo, a los pájaros y a la brisa para tomar sus suspiros y sus lágrimas (3). Lo anterior ocurre mágicamente, y el poeta cae en un hermoso estado de ensueño y fantasía (4), sólo para darse cuenta de que, a pesar del encanto de la primavera, esta hermosa estación le trae tristeza (5). Él resuelve, finalmente, regalar estos cantos a su amada, como testimonio artístico de su amor (6). Siguiendo el ejemplo del poeta, Beethoven también completa el ciclo al final citando la melodía de la primera canción.

Fuente: Matthew Dirst para Ars Lyrica

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